Burbujas en la tierra
Los secretos familiares nunca están bien enterrados. Son vivos y burbujean. Están ahí, para quien se atreve a hacer silencio y escucharlos, o para quien se acerca lo suficiente como para ver la tierra rebullir.
Cada miembro de la familia tiene un pedacito de esa historia. Ninguno es completamente fiable. Cada fragmento está teñido por la experiencia y por el rol que le tocó a cada quien: intereses, envidia, heridas de abandono, culpas, mecanismos de protección.
Si prestas suficiente atención, lo que parecía aislado empieza a unirse como un rompecabezas y termina pintando el retrato de la familia, con todos sus matices. Casi siempre hay oscuridad. Un secreto devastador, o un crimen espeluznante.
Pero abrir la tierra, más que nada, trae alivio. Permite nombrar lo que pasó, redistribuir las culpas y que cada quien asuma lo suyo. Y, con eso, empezar a vivir su propia vida.
Entender a tu familia es necesario para entenderte a ti. Determinó tu lugar y tu rol; determinó el trato que recibiste y, finalmente, la forma en que aprendiste a estar en el mundo.
Cargas también con lo que no conoces. Ojos que no ven, corazón que siente pero sin saber por qué. Corazón que siente sin descanso, sin sanación y sin justicia.
De esa carga solo te liberas cuando te atreves a mirarla de frente, no mientras está colgada en tu espalda.

